El Zorzal alza el vuelo

Acaba de inaugurarse en Madrid el restaurante Taberna El Zorzal. El segundo proyecto de Iván Sáez y Ernesto Muñoz. Un espacio en el que, aparte de “dar de comer rico”, se le hace un guiño al pasado: a ese primer Zorzal en el que ambos coincidían hace bastante más de una década y por el que en esta publicación hemos recuperado este titular que posiblemente sea muy similar al que usamos entonces.

Ana I. García

Iván Sáez y Ernesto Muñoz.

Porque, aunque Sáez y Muñoz ya habían trabajado juntos con anterioridad en otros locales -por ejemplo, habían coincidido en las cocinas del prestigioso restaurante Mugaritz-, fue en Zorzal donde su trayectoria profesional se consolidaba definitivamente.

Tal y como ellos explican, “Al principio nos dio miedo poner Zorzal. La idea era dar forma a una marca que se vendiera bien, sin ninguna intención de pelea o revancha: queríamos ponerle Zorzal porque era una marca que nos gustaba y fue el primer sitio donde empezamos a trabajar más sueltos, a nuestro aire. Y, en realidad, Fernando (Pérez Arellano, de la mano de quien nacía ese otro Zorzal) nunca sintió como suyo el primer Zorzal, que era el local de Iván. También queríamos un nombre en el que pudiéramos conservar la ‘Z’ que había en el logo del local que antes estaba enclavado aquí”.

Y así nacía Taberna El Zorzal; un nombre comercial para dar forma a un bistró en el que la cocina de tintes clásicos es la protagonista.

“Aquí queremos que la gente sea feliz: comiendo una croqueta, el menú de 15 euros, el menú degustación, o toda la carta a medias raciones. ¿Es difícil para nosotros? Sí, pero por eso lo hemos hecho, el cliente tiene que ser feliz. Cuando vas a comer a un sitio, sea por trabajo, sea por negocios, por ocio… es para olvidarte de los problemas que tienes antes de salir por la puerta”.

Hermano pequeño de Desencaja

Taberna El Zorzal llega para convertirse en el hermano pequeño de Desencaja, en el que Sáez continuará siendo el principal responsable. Aquí es Ernesto Muñoz el encargado de llevar el timón y ganarse un hueco en los corazones y estómagos de los madrileños y todos aquellos que visiten la capital, a base de cocina de siempre, elaboraciones de toda la vida.

Con la cocina de siempre como inspiración, los chefs proponen una carta con recetas que han evolucionado con ellos y que tienen numerosos adeptos: buñuelos en tempura de bacalao, croquetas artesanales de jamón, ensaladilla rusa con bonito elaborado en casa, coca de sardinas… Un ‘picoteo’ que da paso a entrantes como el huevo frito de corral -puntilla incluida-, espuma de patata y trufa o tomatito de mata relleno de sepia y crema de Idiazábal. Del mar ofrecen ‘Lo que traiga la marea’ y unos Chipirones en su tinta deliciosos con mucho fuego lento, como el que tiene su ya más que conocido rabo de toro deshuesado con verduras o el sofisticado Pichón de Bresse que se cuela en la carta. No se olvidan de platos de Madrid con tanta enjundia como el Pollo de corral en salsa pepitoria o los Callos. Y, si queda sitio para el postre, la tarta de manzana hecha en casa y helado de café o la Torrija brioche.

Un punto a destacar es que de casi todos los platos se pueden pedir medias raciones porque, como afirman sus responsables, “el concepto es más divertido (que Desencaja), más acorde con lo que quiere la gente: compartir, disfrutar… hoy en día, en hostelería tienes que ser flexible. Como no seas flexible estás fastidiado. Y el concepto que tenemos aquí lo es”.

Y, precisamente por eso, no es nada descabellado pensar que, en el futuro, pueda producirse un desarrollo mayor de la marca, porque “si nos funciona la marca y el concepto, ¿por qué no abrir otro local el día de mañana? El problema es que no es lo mismo tener un restaurante que dos: ahora podemos repartirnos, uno (Iván) en Desencaja y el otro (Ernesto) aquí, y con más locales eso no es posible. Pero creemos que es una marca muy comercial, con unos platos muy atractivos… y que va a funcionar muy bien”.

Decoración personalizada

Más allá de en lo culinario, Iván y Ernesto han cuidado cada detalle y El Zorzal tiene una decoración diferente y única, 100% personalizada. Empezando por la espectacular cabeza dorada de zorzal que preside el salón principal y siguiendo por las paredes; unas con dibujos que recrean una taberna medieval, otras de ladrillo visto o incluso de taburetes de mimbre y mantienen además los azulejos con 130 años de historia del antiguo local. Pero quizás lo más llamativo sean sus lámparas: grandes platos invertidos de los que penden las luces. Todo esto en dos pequeños pero muy acogedores salones y una barra en la que se puede tomar un vino con su correspondiente aperitivo.

El local tiene capacidad para 38 personas y un precio medio de 35 euros. Su horario es de 13:00 a 16:00 a mediodía y de 19:30 a 23:30 horas por las noches. Cierra domingos todo el día y lunes noche.