Todavía no… todavía no

Sigue receloso, agazapado, a la espera de buenas noticias. Ya no son del todo malas, pero todavía no es lo que quisiera. Falta alegría. Es cierto que el PIB creció en el segundo trimestre del año un uno por ciento, que la prima de riesgo se sitúa hoy en valores mínimos; que algunos sectores como el inmobiliario, el automóvil y el turismo, el gran aliado de la hostelería, mejoran. Más aún, el Gobierno de Rajoy prepara unos presupuestos generales de 2015 sobre la base de un crecimiento económico en torno al 1,5% este año. No, todavía no. Sobre todo, cuando unos días antes, el Banco de España alertó sobre que “la información más reciente del tercer trimestre parece indicar un comportamiento algo menos expansivo de la demanda privada”.

No, todavía no percibe el consumidor esa satisfacción propia de los tiempos de bienestar, de que las cosas van bien, de que la economía marcha. Lo percibe también el propio ministro de economía, Luis de Guindos, cuando advierte que España podría ralentizar su salida de la crisis si Europa no se recupera. No, todavía no ha llegado la hora del brillante estallido del crecimiento económico, ni tampoco los años de recesión. No se ha terminado de hacer los deberes. Es un aviso para navegantes. Hay que finalizar con éxito la estrategia emprendida: más entusiasmo, más innovación, más diferenciación, más inversión, más profesionalización, más y mejores servicios al cliente y menos bagatelas. Es la hora del esfuerzo final. Hay que saber esperar. Los dioses coronan con generosidad a los que alcanzan la cima.