Ambiente francés para conjugar tradición y modernidad

Porque el edifico en el que está situado el restaurante es un edificio histórico y emblemático, en el que durante noventa años estuvo emplazada la popular Pastelería Reñé y, anteriormente –abrió sus puertas allá por 1900-, una fabrica de confitería y bombones. Al tratarse de un establecimiento con tanta historia a sus espaldas, se ha decidido preservar su nombre, mantener la fachada modernista -patrimonio de la ciudad de Barcelona- e intentar sostener ese aire elegante de sus inicios. De todo eso se ha ocupado el interiorista Carlos Martínez, responsable de que se conserve ese aire centenario, manteniendo las grandes vitrinas originales y la madera trabajada del interior, así como el mármol de la gran barra principal y los adornos de yeso del techo, para acentuar esa esencia modernista, pero aportándole un toque actual con el que conseguir un local muy cálido y acogedor, con cierto aire a ‘bistró’ parisino.

Estética afrancesada
La estética del Reñé introduce al usuario dentro de una atmósfera afrancesada pero aún así, funcional. En la decoración del local predominan los pavimentos de mármol blanco, los espejos despiezados manchados, las molduras con detalles, y sobretodo la iluminación específica de cada una de las mesas, que hace que cada una de ellas sea importante.

En la zona de entrada destacan el inmenso paño de pared revestido de un despiece de espejo, tratado al ácido, así como la gran barra de bar de mármol blanco; una barra sinuosa, que divide esta zona en un lugar donde el cliente puede degustar una amplia selección de tapas y platillos preparados al momento.

Asímismo, en el comedor destacan las cristaleras inglesas, creadas para dar más amplitud al local, con sofás corridos de estilo vintage, hechos a medida, que cuentan con respaldos en capitoné y un tapizado floral, aportando así un toque retro para darle un estilo más antiguo y auténtico al ambiente general. El restaurante Reñé cuenta con un segundo salón presidido por una enorme biblioteca, hecha también a medida, en la que se exponen botellas de vinos así como otros elementos decorativos que confieren al espacio un aire confortable y acogedor, con el fin de hacer sentir al cliente la sensación de estar en el salón de su propia casa.

El nuevo Reñé cuenta también con una acogedora terraza exterior, y permite disfrutar de un servicio de cocina ininterrumpida desde las 8:00 de la mañana hasta las 00:00 de la noche; un horario extenso en el que poder degustar tanto desayunos y aperitivos como comidas y cenas. Así también, en el Reñé se puede tomar una copa.

Oferta gastronómica
Dentro, Moisés Ibarra es el responsable de la carta de Reñé. Ésta consta de una selección de platos que tratan de plasmar la convivencia entre lo antiguo y lo moderno que se da en el local. Platos de cocina mediterránea, que conjuga tradición e innovación, y donde priman los productos de proximidad, frescos y de temporada. Así, en la oferta destacan platos y platillos como la ensalada tibia de ventresca de atún con escarola frisée, los corazones de alcachofa salteados en tomate seco Rinadi, el steak tartar, las patatas bravas Reñé, los canelones crujientes de pollo con bechamel de foie, los dados de solomillo con cebollitas glaseadas al vino rancio o los arroces. Otra de las auténticas especialidades son los pescados –a la plancha o al horno-, y el local cuenta con una vitrina en donde se exhibe diariamente el pescado fresco traído directamente de la lonja. Sin olvidar el gran surtido de pasteles artesanales, auténticas delicias como la crème bulée, todo tipo de tartas y cookies artesanales. JRN