Abre en Madrid Taramara, de los creadores de Latasia

Tras casi dos años de andadura de su primer proyecto en solitario, Sergio y Roberto Hernández inician una nueva etapa evolutiva con la apertura de un segundo restaurante ubicado en el madrileño Campo de las Naciones: Taramara.

Después de sus muchos viajes y experiencias por Asia y Latinoamérica, cuya gastronomía inspiró el leitmotiv de Latasia y su cocina de fusión llena de matices y contrastes, con la apertura de Taramara regresan a sus años de formación para ofrecer una propuesta de base tradicional y fuerte arraigo español. En palabras de los cocineros, el nuevo local responde a un concepto claro: “extrapolar a nuestro terreno todo lo que sabemos acerca de la cocina regional española”, cuyas bases sentaron a su paso por comedores clásicos de Madrid (como La Bola o Aynaelda), Asturias y el País Vasco.

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Así, Taramara parte del producto de temporada, seleccionado personalmente por los propios hermanos y en ocasiones hasta recogido por ellos mismos, como es el caso del azafrán que emplean en algunos de sus guisos. Un producto que se potencia evitando elaboraciones y salsas complejas. Este discurso culinario basado en las raíces, la despensa y la estacionalidad se debe en gran parte a las enseñanzas de su mentor, Rogelio Barahona, durante su etapa de formación en Urkiola Mendi. La del cocinero vizcaíno es una figura que consideran “fundamental en su vida personal y profesional” y cuya cocina del chup chup respetando los tiempos o su maestría en elaboraciones como el pilpil, han asimilado y evolucionado hasta la actualidad.

La firma madrileña de interiorismo Lab Matic Estudio (responsable de proyectos como el Christopher Hostel de Barcelona o el Lolelito Rooms and Bar de Valencia) ha sido la encargada de demostrar que en Taramara la modernidad no está reñida con una cocina de corte tradicional y que, además, es posible crear un espacio acogedor y apetecible que quede en segundo plano respecto a la oferta gastronómica. Pensado para el disfrute en horario flexible y de clara inspiración retro(en contraste con el barroquismo decorativo actual), el local se estructura en tres zonas distintas.

La zona central, en la que funciona la carta de bar, da la bienvenida al comensal y cuenta con una serie de mesas comunales altas de acabados básicos, sólidos e incluso toscos.El salón principal por su parte está decorado con muebles originales de los años sesenta, una chimenea y madera de nogal evocando el ambiente de los clubes privados de mediados del siglo pasado mientras que el tercer salón se presenta como un espacio más íntimo, luminoso y con vistas a la cocina abierta. Desde el punto de vista decorativo, las tres zonas tienen en común el uso de una paleta de colores cálida y minimalista, materiales básicos como el latón y tapicerías coloristas, que en conjunto crean un ambiente sofisticado que invita a extender la velada y rendir culto a la mixología en la elegante barra central.

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